Nuevo Banksy en Londres
- Romain Class
- Dec 26, 2025
- 7 min read
Updated: 18 hours ago
Banksy: Dos niños bajo las estrellas: la última obra de Londres
Fue en un callejón tranquilo del distrito de Bayswater, en el oeste de Londres, donde los transeúntes descubrieron, el 22 de diciembre de 2025, la última obra de Banksy. Titulada simplemente Two Children Under the Stars, el mural —autenticado por el propio artista en su cuenta de Instagram— mide aproximadamente tres metros de ancho. Representa a dos niños tumbados uno junto al otro, abrigados con ropa de invierno. El niño, con las manos cruzadas detrás de la cabeza, contempla el cielo con serenidad, mientras que la niña a su lado señala hacia una constelación invisible más allá del muro.
Pintada en el estilo característico del artista —plantilla en blanco y negro, líneas limpias, ausencia de color—, la escena destaca por su inusual carga emocional: una mezcla de fragilidad, inocencia y una silenciosa desesperación. Alrededor de ellos, el muro muestra las huellas del tiempo: grietas, goteos y grafitis desvanecidos. Este entorno crudo e intencionalmente áspero acentúa el contraste entre la ternura del gesto de los niños y la dureza de su entorno.

Nueva obra de Banksy en Londres. Imagen: Banksy.
Desde el momento en que fue revelada, la obra generó un amplio debate en la prensa y en las redes sociales. Muchos vieron en ella una alegoría conmovedora de la crisis de la vivienda y de la situación de sinhogarismo que afecta a numerosos niños en el Reino Unido. En diciembre, mientras Londres se ilumina con motivo de las fiestas, Banksy nos recuerda —sin palabras ni consignas— la realidad que enfrentan quienes duermen a la intemperie, a menudo invisibles en una ciudad en celebración.
Otros críticos, más optimistas, la han interpretado como una metáfora de la imaginación y la esperanza, en la que los dos niños encuentran en las estrellas un refugio poético frente a la adversidad. Esta dualidad —entre miseria y belleza, ternura y protesta— es quizá la esencia misma de la nueva creación de Banksy. Fiel a su estilo, el artista no ofreció ningún comentario directo: su publicación en Instagram contenía únicamente una simple fotografía, dejando al público libre de interpretar su significado. Apenas unas horas después de su aparición, el mural fue cubierto con paneles transparentes —una prueba de que, pese a su mensaje subversivo, la ciudad reconoce su valor simbólico y cultural.

Una segunda obra similar apareció en Londres el 22 de diciembre de 2025, cerca del edificio Centrepoint. Ha sido atribuida al artista, aunque Banksy aún no la ha autenticado. En esta ocasión, los niños aparecen señalando hacia una torre de apartamentos de lujo recientemente construida.
Un mural controvertido: el tribunal de Londres
Pocos meses antes de Two Children Under the Stars, Banksy ya había acaparado titulares con una intervención especialmente audaz en la fachada de los Royal Courts of Justice —uno de los símbolos más emblemáticos del poder judicial en el Reino Unido. Creada en septiembre de 2025, la obra mostraba a un juez con toga y peluca tradicional, con el rostro congelado en una expresión de ira, levantando un mazo desproporcionado sobre un manifestante arrodillado que sostenía una pancarta manchada de rojo.
Detrás de esta escena dramática, el mensaje era claro: una denuncia de la represión judicial contra recientes movimientos sociales en el Reino Unido, en particular las detenciones masivas de activistas medioambientales y estudiantes. Fiel a su enfoque característico, Banksy no ofreció ninguna explicación directa, pero la elección del lugar —uno de los edificios más vigilados y cargados de simbolismo de Londres— bastó para hacer que su mensaje resonara con fuerza.

Obra de Banksy en la pared de los Royal Courts of Justice. Imagen: Banksy.
La obra, fotografiada, compartida y comentada de inmediato en todo el mundo, generó rápidamente controversia. Para algunos, representaba un acto de valentía artística —una forma de recordar al público que la justicia no es infalible y que el poder siempre debe estar abierto al cuestionamiento—. Para otros, fue vista como una provocación innecesaria, incluso como un acto de vandalismo que desfiguraba un monumento protegido.
A los pocos días, bajo la presión del Ministerio de Cultura y de las autoridades judiciales, el mural fue cubierto con pintura gris y posteriormente eliminado de forma permanente. Sin embargo, este acto, lejos de borrar su impacto, reforzó su significado: al destruir la imagen, la institución confirmó de manera involuntaria el mensaje del artista sobre la fragilidad de la libertad de expresión. Como tantas veces, Banksy logró convertir un muro en un espejo social —y una controversia en una reflexión colectiva—.
Banksy en Marsella: un faro de esperanza
Unos meses antes, en la primavera de 2025, Banksy había dejado su huella en Marsella. Su obra, que apareció en un muro discreto del distrito 7 de la ciudad, cerca de la zona de Catalans, jugaba con un sutil efecto de trompe-l’œil: la sombra recta de una farola se prolongaba mediante una plantilla en forma de faro, proyectando un haz de luz sobre la fachada. Dentro de ese cono de luz, Banksy escribió, en letras mayúsculas blancas y llamativas: “I want to be what you saw in me”.
A diferencia de sus intervenciones más abiertamente políticas, esta pieza destacaba por su carácter poético e introspectivo. Al integrar un elemento real de la calle en su composición, el artista disolvía la frontera entre la realidad y la imaginación —entre la ciudad y el sueño—.

Obra de Banksy descubierta en Marsella en la primavera de 2025.
La obra de Marsella fue rápidamente elogiada por su delicadeza visual y su resonancia universal. En particular, a través de su mensaje escrito, muchos la interpretaron como una metáfora de la búsqueda humana de reconocimiento —el deseo de estar a la altura de cómo los demás nos ven—. En una ciudad marcada por la diversidad y los contrastes sociales, el mensaje tuvo una profunda repercusión: evocaba nostalgia, la fragilidad de la identidad y el destello de esperanza que perdura incluso en la soledad. Algunos residentes incluso comenzaron a dejar flores bajo la pieza, transformando poco a poco el lugar en un pequeño santuario artístico y activista.
Con esta obra, Banksy regresó a un registro más emocional y poético, demostrando que no necesita la provocación explícita para conmover profundamente al público. Su faro simbólico sigue iluminando discretamente la fachada marsellesa hasta el día de hoy —un recordatorio de que el arte urbano también puede ser un acto de delicadeza poética dentro del paisaje urbano.
Banksy: el fantasma del muro
Detrás de las plantillas que se han hecho famosas en todo el mundo, Banksy sigue siendo un enigma. Desde hace más de veinticinco años, el artista británico ha protegido ferozmente su anonimato, rechazando cualquier exposición pública de su identidad. Su nombre real sigue siendo desconocido —las teorías más persistentes apuntan a Robin Gunningham, un artista nacido en Bristol en la década de 1970, o a Robert Del Naja, miembro de Massive Attack e influyente figura del graffiti en la misma ciudad—. Sin embargo, en última instancia, su verdadera identidad importa poco: es precisamente este misterio lo que ha contribuido a convertir a Banksy en un mito moderno, símbolo de la libertad creativa en un mundo saturado de imágenes y egos.
Banksy comenzó su carrera en los años 90 dentro de la escena underground de Bristol, influenciado por el punk, el hip-hop y la cultura del graffiti. Pronto abandonó la pintura a mano alzada en favor del stencil, una técnica más rápida que le permitía trabajar de forma clandestina minimizando el riesgo de arresto. A través de ella, desarrolló también una estética inmediatamente reconocible.
Sus primeras obras, a la vez irónicas y cargadas de contenido político, aparecieron en los muros de Londres, Manchester y Brighton: ratas revolucionarias, soldados pacifistas, niños soñadores y policías grotescos. Con estas imágenes, forjó una identidad visual sólida —mezclando sátira social con ternura humanista—, abordando temas como la guerra, el consumismo, el control policial y la indiferencia colectiva. Aproximadamente una veintena de sus obras fueron posteriormente reproducidas y vendidas como serigrafías.

Banksy Turf War Screen Print, presentado por Class Art Biarritz.
Obras más populares de Banksy
Girl with Balloon (2002): Una niña pequeña soltando un globo rojo en forma de corazón.
Love is in the Air (Flower Thrower) (2003): Un manifestante enmascarado lanza un ramo de flores como si fuera un cóctel molotov.
Rude Copper (2002): Un policía británico mostrando el dedo medio al espectador.
Turf War (2003): Una caricatura de Winston Churchill con una cresta punk de colores.
Bomb Hugger (Bomb Love) (2003): Una niña pequeña abrazando tiernamente una bomba.
Laugh Now (2003): Una fila de monos sosteniendo carteles que dicen: “Ríe ahora, pero un día estaremos al mando”.
Pulp Fiction Bananas (2004): Una parodia de Pulp Fiction: Samuel L. Jackson y John Travolta reemplazan sus armas por plátanos.
Toxic Mary (Virgin Mary) (2003): La Virgen María alimenta al niño Jesús con un biberón marcado con un símbolo tóxico.
Choose Your Weapon (2010): Un joven con sudadera con capucha sostiene un perro estilizado con una correa, inspirado en el grafiti de Keith Haring.
Love Rat (2004): Una rata recurrente de Banksy, sosteniendo un pincel o un corazón rojo goteando.
Flying Copper (2003): Un policía alado con una cara sonriente amarilla en lugar de cabeza, que lleva un chaleco antibalas.
A lo largo de los años, Banksy ha ampliado su alcance y conquistado el mundo. Sus obras han aparecido en Belén, en el muro de separación israelí-palestino; en Nueva York, donde creó una serie de murales efímeros en 2013; y en Venecia, donde denunció el turismo de masas. En 2015, creó Dismaland, un parque de atracciones distópico en Weston-super-Mare, una mordaz parodia del sueño consumista encarnado por Disneyland. En 2018, sorprendió al mundo del arte al hacer que su obra Girl with Balloon se autodestruyera inmediatamente después de su venta en subasta, posteriormente renombrada Love is in the Bin. Este gesto radical, que combina performance y crítica al mercado del arte, confirmó su genio subversivo.
Sin embargo, más allá del escándalo y el misterio, Banksy sigue siendo ante todo un poeta urbano. Sus imágenes dicen lo que los muros no pueden expresar: injusticia, ternura, miedo, amor y rebeldía. Donde otros buscan la fama, él busca el diálogo. Al rechazar los museos, defiende un arte accesible, libre y efímero, destinado a desaparecer como un grito en la ciudad. Quizás este sea el verdadero rostro de Banksy: no un hombre, sino una idea — la convicción de que el arte aún puede despertar conciencias sin firma ni marco dorado.
Lee en nuestro blog:




Comments