Henri Iglésis da vida a sus esculturas de “hombrecillos” (Little Men).
- Romain Class
- Jul 17, 2025
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Updated: 4 days ago
A medio camino entre la artesanía de taller y el arte contemporáneo, Henri Iglésis da forma a un universo propio. Nacido de un saber hacer metalúrgico familiar y de un gesto creativo singular, el artista catalán ha desarrollado una firma tan audaz como lúdica: la del metal soplado. En el corazón de este mundo lleno de humanidad se encuentra su personaje favorito, el «hombrecito», un alegre centinela de metal y aire.

Henri Iglésis frente a una escultura de “hombrecitos”.
Una invención nacida de un torbellino y de un accidente
La historia comienza en los talleres metalúrgicos de Perpiñán, donde Henri Iglésis, nacido en 1964, se sumerge desde la infancia en el sonido de los martillos y el olor del hierro caliente. Nieto de herrero e hijo de tornero-ajustador, se forma naturalmente como calderero-soldador. Sin embargo, bajo ese rigor técnico se esconde una imaginación desbordante.
Fue en 2008 cuando surgió la magia. Al intentar crear un busto como regalo para su hijo, Henri Iglésis tuvo una idea improbable: soldar dos láminas de metal huecas y después insuflar aire comprimido en su interior. Bajo la presión, el metal se hincha, toma forma… y se convierte en una escultura pop art, una vez pintada. El accidente artístico —a veces literal, como el ciprés metálico de 1,5 metros que explotó y le fracturó la muñeca— se transformó en una invención: había nacido el metal soplado. Poco a poco, lo convirtió en su actividad principal y pasó a ser artista a tiempo completo.
Hoy, esta técnica de metal soplado, protegida por una patente, constituye la base de toda su obra. El artista la concibe como una paradoja fértil: combinar la dureza y rigidez del metal con la suavidad casi infantil y poética de las curvas de sus esculturas, la rigidez con la ligereza, lo industrial con lo orgánico.
El “Little Man”: un personaje universal
A través de estos experimentos, surgió una forma escultórica recurrente: la de un pequeño personaje estilizado, de brazos abiertos y cuerpo redondeado, a veces sonriente, siempre lúdico y frecuentemente colorido.
Bautizado como “Little Man”, se convirtió en la mascota del artista, su obra emblemática de pop art, su alter ego en metal soplado. Este personaje encarna por sí solo toda la intención de Henri Iglésis: crear una obra de arte pop accesible, alegre e inmediatamente comprensible para el mayor número de personas.

Escultura de “Little Orange Man”, de Henri Iglésis.
Inspirado en la silueta infantil del “muñeco de palitos”, este personaje apela al inconsciente colectivo. Evoca los juegos de la infancia, los pictogramas ingenuos y las formas universales. Lejos del arte elitista, el “Little Man” democratiza la escultura contemporánea al dotarla de ternura y humor. Es una inyección de felicidad y de positividad cotidiana.
Una técnica que combina rigor y fantasía
Cada escultura es el resultado de un proceso exigente. Las láminas de metal se cortan, se sueldan meticulosamente a mano y luego se inflan con aire a alta presión. Esta fuerza no es trivial: da vida al material, pero impone importantes restricciones físicas. El aire choca contra las soldaduras, busca escapar y genera formas inesperadas que el artista aprende a dominar sin llegar nunca a controlarlas por completo. Cada obra es, por tanto, única; no existe otra idéntica, ya que las deformaciones durante el inflado a alta presión son aleatorias y diferentes en cada creación.
Henri Iglésis reivindica este carácter parcialmente aleatorio: «No lo decido todo, es el metal el que me responde. Cada escultura tiene su propia personalidad, su propio aliento». La obra se completa con el color: pintura lacada, barniz mate, pátinas satinadas. Las piezas se presentan en una paleta audaz: rojo intenso, azul Klein, rosa chicle, naranja brillante y negro profundo.

Escultura de “Little Yellow Man on a Stem”, de Henri Iglésis.
Una obra impregnada de alegría y poesía
Lo que primero llama la atención de los “Little Men” es su capacidad para hacer sonreír, para transmitir felicidad y serenidad al espectador. Lejos de la austeridad a menudo asociada a la escultura en metal, las creaciones del escultor pop Henri Iglésis irradian alegría y humor. Se inscriben plenamente en el espíritu del Pop Art. Parecen salidos directamente de un sueño infantil, listos para volar como globos o bailar en un carnaval invisible.
Se presentan en dos tamaños estándar, de 45 o 70 cm de altura, aunque también pueden realizarse a medida en dimensiones superiores al metro. Disponibles sobre base o sobre tallo (lo que da al pequeño personaje la impresión de estar flotando), también pueden combinarse en grupos de dos o tres figuras. El artista ha creado incluso una escultura que representa una farándula de pequeños hombres de colores formando un círculo.
Pero detrás de esta ligereza se esconde también un mensaje más profundo. Estas formas simples y universales interrogan nuestra relación con el cuerpo, la identidad y la memoria. El “Little Man” se convierte así en un símbolo de resiliencia, de simplicidad redescubierta y de retorno a lo esencial.
Algunas obras apenas miden veinte centímetros, otras superan los dos metros. Pueden exhibirse en un salón, sobre un escritorio o en exteriores, en un jardín público o en la entrada de una empresa. Todas conservan la misma capacidad de emocionar al espectador, independientemente de su edad o cultura.
Un reconocimiento creciente
En los últimos años, la obra de Henri Iglésis ha ido ganando visibilidad. Presentado en varias galerías francesas —entre ellas Class Art Biarritz— ha atraído a coleccionistas privados e instituciones. Sus obras están presentes en espacios públicos, vestíbulos de empresas y exposiciones internacionales.
El artista continúa creando desde su taller en el sur de Francia, fiel a su materia prima: la chapa metálica. Allí prosigue su investigación formal, explorando nuevos volúmenes, otros personajes, otras emociones, pero siempre con la misma filosofía: «hacer alegre el metal».

Escultura de “Little Green Basque Man”, de Henri Iglésis.
A modo de conclusión: el aliento de un artista
Henri Iglésis no se limita a esculpir chapa metálica. Esculpe el aire, el juego y el instante. A través de su técnica del metal soplado, insufla humanidad a la materia bruta con una sencillez desarmante. Sus “Little Men”, a la vez humorísticos y poéticos, se dirigen a nosotros como si quisieran recordarnos que el arte puede ser simple, inmediato y, sobre todo, profundamente vivo.
Su legado está ya asegurado, ya que su hijo Kevin también ha adoptado la escultura en metal soplado.
Encuentre aquí las obras de Henri Iglésis a la venta en Class Art Biarritz.




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