Desaparición del mosaico de Invader en el Faro de la Barre (Anglet)
- Romain Class
- Jul 31, 2025
- 6 min read
Updated: 6 days ago
Es una desaparición que no ha pasado desapercibida. Una de las obras más emblemáticas del artista urbano francés Invader, instalada durante más de seis meses en el faro del espigón de la Barre en Anglet (Pirineos Atlánticos), fue retirada en algún momento del mes de julio. Los transeúntes habituales, acostumbrados a observar estos pequeños alienígenas pixelados característicos del artista, se sorprendieron al encontrar el espacio ahora vacío, marcado únicamente por restos de cola y cemento. Una desaparición lamentada tanto por los habitantes locales como por los aficionados al arte urbano.

El mosaico del artista urbano Invader instalado en el faro de la Barre, en el País Vasco.
Una obra emblemática de la costa vasca
Instalada sobre el hormigón en bruto del faro, la pieza representaba uno de los célebres personajes inspirados en el videojuego Space Invaders, compuesto por teselas de mosaico de colores. Desde su instalación, se había integrado en el paisaje de Anglet: observada por surfistas, fotografiada por turistas y catalogada por los seguidores del “Invader hunt”, una búsqueda urbana internacional que lleva a algunos a recorrer el mundo en busca de las obras del artista anónimo.
Situado en la punta del espigón, a la entrada del río Adour, el mosaico ocupaba un espacio a la vez simbólico y discreto: un punto de paso entre la tierra y el mar, en una zona donde el arte contemporáneo aparece a veces de manera inesperada. Era una de las piezas emblemáticas de la invasión del País Vasco, iniciada en noviembre de 2024, que incluye alrededor de sesenta obras, principalmente situadas en Biarritz y Bayona.
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Mosaico del artista urbano Invader retirado del faro de la Barre
¿Robo o vandalismo?
Hasta la fecha, las circunstancias exactas de la desaparición siguen sin aclararse. ¿Se trata de un robo organizado o simplemente de un acto de vandalismo? Las autoridades locales aún no han emitido un comunicado oficial. Algunos sugieren una retirada meticulosa, lo que apunta a un intento de reventa: ciertas obras de Invader pueden alcanzar varios miles de euros en el mercado negro del arte urbano. Sin embargo, debido al aumento de falsificaciones, estas piezas se han vuelto muy difíciles de revender.
Otros creen que se trata de un acto de vandalismo sin sentido, posiblemente vinculado a la mayor exposición del lugar en los últimos años.
Los residentes informan haber visto recientemente a personas trabajando alrededor del faro fuera de los horarios habituales de las mareas, aunque no pueden confirmar su implicación.
Reacción en cadena entre los aficionados al street art
Esta desaparición no concierne únicamente a Anglet. A escala nacional e internacional, los amantes del arte urbano están familiarizados con este tipo de pérdidas. La obra de Invader, debido a su visibilidad y popularidad, suele ser objetivo de coleccionistas sin escrúpulos o de actos vandálicos. Varias piezas han sido robadas o destruidas en París, Londres, Los Ángeles y Tokio.
Pero cada desaparición es un acontecimiento en sí mismo. Las comunidades de aficionados documentan, cartografían y a veces incluso restauran ciertas piezas.
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En la aplicación FlashInvaders, que permite geolocalizar las obras del artista y coleccionar virtualmente sus fotografías, la pieza de Anglet era una de las más populares del suroeste. Desde su desaparición, aparece ahora como “inactiva”, un estado reservado a los mosaicos que han desaparecido.

Invasion Kit 7, Union Space (2007), del artista Invader, ofrecido a la venta en Class Art Biarritz
Una ciudad entre la admiración y la contención
Al ser consultado de manera informal, el Ayuntamiento de Anglet expresó su “lamento por la pérdida de un elemento de patrimonio no oficial pero profundamente apreciado”. La ambigüedad persiste: como en muchas ciudades, las obras de arte urbano suelen instalarse sin autorización, pero terminan siendo progresivamente aceptadas e incluso promovidas como atractivo turístico. Invader no es una excepción. Actúa fuera de la legalidad, pero sus obras rara vez son retiradas por las ciudades que las acogen.
Queda por ver si Anglet considerará una acción simbólica —como invitar a una nueva “invasión”— o si optará por destacar el vacío dejado por la pieza desaparecida, de forma similar a algunas ciudades que han convertido la ausencia en un gesto conmemorativo.
Otras obras del artista también han sufrido daños en las últimas semanas. El pulpo instalado en la playa del Port Vieux en Biarritz también ha desaparecido (BAB_41). Lo mismo ocurre con Space at the parasol (BAB_07), al pie del Hôtel du Palais.
Mosaico de Invader, Grande Plage, Biarritz
Arte urbano: entre permanencia y desaparición
La desaparición del mosaico de Invader en Anglet pone de relieve la vulnerabilidad del arte urbano. Aunque la calle es un museo al aire libre, también es un espacio expositivo efímero. Las obras existen expuestas, sometidas al clima, a la mirada pública, a la represión o al deseo.
Pero es precisamente esta fragilidad la que otorga al arte urbano su fuerza: cada pieza es un momento, un encuentro, una experiencia compartida entre un lugar y una mirada. Y cuando desaparece, deja tras de sí más que un vacío: una huella en la memoria de las personas y, a veces, la esperanza de una reaparición.
¿Quién es Invader?
Nacido en París en 1969, Invader es uno de los artistas urbanos más reconocidos del mundo. Su verdadera identidad sigue siendo desconocida para el gran público. Graduado en la Escuela de Bellas Artes, comenzó su carrera a finales de los años 90 colocando mosaicos inspirados en los gráficos de 8 bits de los videojuegos arcade —especialmente Space Invaders— en las calles de la capital francesa.
Su proyecto artístico, llamado Space Invaders, se basa en la idea de “invadir” las ciudades mediante la instalación clandestina de sus obras. Hasta la fecha, Invader ha instalado más de 4.000 mosaicos en más de 80 ciudades de todo el mundo: París, Bangkok, Roma, Miami, Ciudad del Cabo, Tokio o São Paulo.
Cada pieza es cuidadosamente cartografiada y documentada por el artista, quien también publica libros, mapas, vídeos y una aplicación móvil (FlashInvaders) que permite a los aficionados “capturar” mosaicos fotografiándolos, como en un videojuego. También ha realizado proyectos singulares, como enviar un “Invader” a la estratosfera o instalar una obra submarina frente a la costa de Cancún.
Aunque permanece en el anonimato, Invader se ha consolidado como una figura central del arte urbano contemporáneo, admirado por su audacia, coherencia y consistencia estética. Su obra cuestiona el lugar del arte en el espacio público, las nociones de colección y la tensión entre el arte ilegal y el reconocimiento institucional: varias de sus piezas han sido adquiridas por museos de arte moderno, como el MAMCO de Ginebra o el MOCA de Los Ángeles.
Desde el año 2000: los “Invasion Kits”
A partir de 2000, Invader comenzó a vender “Invasion Kits” en su sitio web. Se trata de mosaicos listos para usar, preensamblados con unas cien teselas y sellados en bolsas antiestáticas, para ser pegados donde se desee. La idea original era permitir que cualquiera participara en la invasión, para que todos pudieran tener un Invader en su casa, su calle o su edificio. Los kits incluso llevan la inscripción “Good invasion”. Pero, al haberse vendido en cantidades limitadas, cada uno autenticado con un número único y algunos incluso firmados por el artista, se han convertido en objetos de colección cuyo valor ha aumentado de forma constante, especialmente en los últimos cuatro o cinco años. Muy pocos han llegado a instalarse en la calle y la mayoría pertenece a colecciones privadas.
Hasta la fecha, existen 18 invasion kits: Albinos, Blue Octopus, Hollywoodee, Rubik Space, Atari, Runner, Union Space, Third Eye, Hypnotic Vienna, Paris, Blue, Home, Made in Japan, 3D Vision, Glow in the Dark, Flash, MSF, Los Angeles.
Estas obras —los Invasion Kits de Invader— se venden en Class Art Biarritz. Puedes encontrar aquí los kits de Invader en venta.
¿Y ahora?
En Anglet, el vacío dejado por el mosaico está generando un debate discreto pero real: ¿debe restaurarse la obra? ¿Debe recurrirse al artista? ¿Deben preservarse otras huellas de arte urbano en la zona? La desaparición también despierta una mayor conciencia sobre la riqueza del patrimonio urbano no oficial: un arte que no pertenece a ninguna institución, pero que moldea nuestra relación sensible con los lugares.




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